Febrero 1 de 2024 - Un Caballero en Moscú - Amor Towles
He sido siempre una fiel defensora de leer sólo aquello que desde el prólogo, logra colmar mis expectativas. Ya lo he dicho antes: la vida es demasiado corta para desperdiciarla en lecturas aburridas o poco interesantes. Pocas veces me salgo de mi nicho, aunque debo ser clara: las contadas ocasiones en las que me he dejado guiar, la mayoría de las veces he resultado gratamente sorprendida.
Les aseguro que la historia de cómo llegué a este libro les sorprenderá. Mi pareja, quien aunque no comparte mi afición por la lectura sí suele estar muy pendiente de lo que yo leo, en este caso, fue el puente. A principios de 2024 me comentó: "Estuve leyendo un intercambio de John Carmack en su cuenta de X (Twitter), donde él aclaraba que, una vez vendes tus derechos de autor, pierdes el derecho a opinar sobre la obra. Hacía referencia a que alguien cuestionaba cómo era posible que el escritor Amor Towles hubiera permitido ciertos cambios en la serie de Un caballero en Moscú. Carmack explicaba que se pierde toda potestad una vez que dejas de ser el dueño de los derechos, además menciona, que ese libro había sido uno de los mejores que había leído en su vida". Tras contarme esto, mi pareja añadió: "Le di una mirada a la trama y creo que sería de tu total agrado".

Debo admitir que en ese momento pensé: ¿Qué interés puedo tener yo en lo que un famoso programador diga sobre un libro? ¿Realmente podríamos coincidir en una misma lectura? Tuve mis serias dudas; sin embargo, decidí darle un voto de confianza. Aunque lo inicié con cierto recelo y, a decir verdad, con muy poca fe, terminó por darme una sorpresa monumental.
Este es de esos libros que no puedes dejar de leer; es como vivir cada línea como si fuera la escena principal de una buena película. De esas que te ponen los nervios de punta, donde vibras con cada situación y en las que, sinceramente, no sabes con qué te vas a encontrar en el siguiente capítulo.
Para cuando terminé esta historia, ya era bastante famosa la serie adaptada; por curiosidad, vi un par de capítulos, pero sentí que distaban mucho del magnetismo de la historia original y decidí no continuar viéndola.

Últimamente me hago una pregunta recurrente sobre algunos escritores que leo: ¿Cómo es posible que Amor Towles, un analista financiero estadounidense, decidiera escribir —y debo decir que de forma magistral— sobre un periodo tan interesante y convulso de la Rusia soviética? Lo describe con tal detalle que parece el relato de un ruso que hubiera vivido en carne propia aquellas situaciones.
Como dije inicialmente, empecé con grandes reservas. Me preguntaba cómo sería posible que el autor encerrara a su protagonista entre cuatro paredes y lograra que de ello saliera algo bueno. Parecía imposible... pero para alguien con una imaginación extraordinaria y una redacción excelente, no lo fue.

No quise quedarme con la duda e hice un poco de investigación. Amor Towles dice lo siguiente cuando le preguntan al respecto: "La idea central de este libro nace de una situación irónicamente burguesa". Estaba alojado en un lujoso hotel en Ginebra (Suiza) por un viaje de negocios; al bajar al vestíbulo durante varios días seguidos, notó que siempre veía a las mismas personas: los mismos clientes adinerados tomando el té, los mismos botones, el mismo conserje.
Esa noche, de vuelta en su habitación, se hizo la pregunta que lo cambiaría todo: "¿Qué pasaría si te obligarán a quedarte en un hotel así para siempre, sin poder salir?". Como pueden ver, en el momento que a lo mejor se cree menos propicio, puede llegarte una idea extraordinaria. Ya saben: deben estar atentos, porque en cualquier instante puede aparecer ese chispazo de genialidad e imaginación.
Hay algo fascinante en este libro, y es que nos recuerda que la elegancia no consiste en cómo sostienes una taza de té, sino en la inquebrantable dignidad con la que te enfrentas a la pérdida, y en cómo eliges formar tu familia elegida en los momentos de mayor oscuridad.

En realidad, es un libro extraordinario que nos enseña el valor de la libertad, el valor de quienes tenemos a nuestro lado y el de quienes ya no están. Es una historia llena de integridad, de amistad y, les aseguro, muy divertida. A lo mejor por estos días le doy otra mirada a las redes de aquel programador... quizá me sorprenda de nuevo con una historia extraordinaria.
La historia comienza en 1922. El conde Alexander Ilich Rostov, un aristócrata ruso de treinta años, es llevado ante un tribunal bolchevique. Por haber escrito un poema con tintes subversivos años atrás (y gracias a las influencias de algunos amigos en las altas esferas), se libra de la ejecución. En su lugar, es condenado a arresto domiciliario de por vida en el lujoso Hotel Metropol de Moscú, donde residía. La trampa: lo despojan de su suite de lujo y lo confinan a una minúscula habitación en el ático, la antigua estancia de los sirvientes, advirtiéndole que, si alguna vez pone un pie fuera del hotel, recibirá un disparo.
Lo que inicialmente parece una sentencia a la desesperación y la pérdida absoluta, da un giro cuando el conde decide aplicar su máxima inquebrantable: "Si un hombre no domina sus circunstancias, está destinado a ser dominado por ellas". Lejos de rendirse, decide explorar su encierro con otros ojos. Su primera gran aliada será Nina, una avispada niña de nueve años fascinada con las princesas, que posee una llave maestra. A través de ella, Rostov descubre el detrás de escena del Metropol: pasillos secretos, salones clausurados y rincones olvidados que le devuelven el asombro y la curiosidad por la vida.

Con el paso de las décadas, las paredes del hotel se transforman en su mundo entero. El conde deja de ser un mero huésped cautivo para convertirse en el jefe de camareros del prestigioso restaurante del hotel, formando un entrañable triunvirato junto al temperamental chef Emile y el meticuloso maître Andrey. Juntos, se erigen como los silenciosos guardianes de la excelencia, la cultura y el buen gusto frente a una Rusia soviética cada vez más gris, racionada y burocrática. En medio de este microcosmos de resistencia, también habrá espacio para el arte y la pasión gracias a un romance intermitente con Anna Urbanova, una glamurosa y volátil actriz de cine.
Pero la verdadera revolución íntima del conde ocurre años más tarde, cuando los crueles giros del régimen lo llevan a convertirse inesperadamente en el padre adoptivo de Sofía, una niña silenciosa que resulta ser un prodigio musical. La llegada de esta pequeña le otorga un propósito vital inquebrantable. Rostov comprenderá que su mayor reto no es sobrevivir a su propio encierro, sino utilizar todo lo que ha aprendido del hotel y sus conexiones secretas a lo largo de los años, para proteger el futuro de su hija.
Esta es una historia deslumbrante que nos demuestra cómo la elegancia, la lealtad y el amor más puro pueden construir un universo inmenso, incluso cuando el mundo exterior intenta arrebatarte la libertad.

Diálogos o Frases:
- "En la Rusia Bolchevique, Aleksandr Rostov es condenado a pasar el resto de su vida en el legendario Hotel Metropol. Su crimen, ser un privilegiado conde, y peor aún, poeta".
— Has logrado evocar la tristeza con tal perfección, ¿cómo lo has hecho? (Tocaba el piano)
— Pienso en los pocos recuerdos que tuve a su lado y siento que empiezan a difuminarse.
— Alguna vez sentí lo mismo que tú, sentí que cada día que pasaba perdía un poco más y empecé a temer que algún día la olvidaría por completo. Pero la verdad es que, por mucho tiempo que pase, las personas a las que hemos amado nunca desaparecen del todo de nuestro mundo.
- "El silencio puede ser una forma de protesta, un medio de supervivencia, pero también puede ser una escuela de poesía. No hay mejor mensaje de advertencia que el silencio".
- "Para viajar lejos no hay mejor nave que un libro".
- "Si la paciencia no fuera tan fácil de poner a prueba, te aseguro que no sería una virtud".
- "Es curioso, desde temprana edad debemos despedirnos de padres, amigos, amores... Es parte de la vida, pero sin embargo despedirnos de objetos preciados o marcados por alguna experiencia, es como querer abandonar un bonito recuerdo. En mi caso se me es más fácil alejarme de las personas que de algunos objetos".
- "La adversidad se presenta adoptando diferentes formas; y si uno no controla las circunstancias, se expone a que las circunstancias te controlen a ti".
- "El pasado no define al hombre, sus decisiones sí".
- "Por su propia naturaleza, los seres humanos son tan caprichosos, tan complejos, tan deliciosamente contradictorios, que merecen no solo nuestra consideración, sino nuestra reconsideración".

- "El destino no tendría la reputación que tiene si simplemente hiciera lo que parece que va a hacer".
- "Es el deber de los tiempos cambiar... Y es el deber de los caballeros cambiar con ellos".
- "Un rey es un rey, sin importar el tamaño de su castillo".
- "A veces, los pequeños gestos de cortesía y compasión son la única forma de resistencia contra la brutalidad del mundo".
Amor Towles ha escrito una novela donde, paradójicamente, el encierro nos enseña el verdadero significado de la libertad. Nos demuestra que nuestra patria no es un pedazo de tierra, sino los amigos que elegimos, los valores que defendemos y la dignidad con la que nos tomamos una buena copa de vino mientras el mundo exterior se desmorona. Si buscan un libro elegante, ingenioso y profundamente humano —de esos que nos devuelven la fe en las pequeñas cosas—, no busquen más: sin duda, es este.

Fue curioso elegir las fotografías que acompañarían esta reseña. Aún no conozco Rusia, que imagino sería el escenario perfecto para esta ocasión; por eso, después de pasar toda la semana pensando en el lugar ideal (no les miento), sentía que ninguno encajaba del todo. Finalmente, decidí conectarla a través de pequeños detalles de esta ciudad que, para mi gusto, es fascinante. Espero haber logrado crear ese hilo invisible que conecte ambas historias
Hoy les hablaré de Budapest; para mí, una de las ciudades más espectaculares y resilientes de Europa. Su historia no es la de una sola ciudad, sino la unión de varias que, a pesar de estar separadas por el Danubio, hoy convergen como una sola.
Antes de ser Budapest, fue un asentamiento celta llamado Ak-ink (siglo I a.C. - I d.C.). Más tarde, los romanos lo conquistaron y fundaron Aquincum, que se convirtió en la capital de la provincia de Panonia. Aún hoy se pueden visitar sus ruinas en la zona de Óbuda.

Tras la caída de Roma, varias tribus pasaron por la zona, pero fueron las siete tribus magiares (lideradas por Árpád en el año 896 d.C.) las que se asentaron definitivamente. Durante siglos, coexistieron tres núcleos separados que le dieron forma:
- Buda: Situada en la orilla alta y rocosa, fue históricamente la sede real.
- Pest: Ubicada en la orilla llana, se consolidó como el centro comercial y vibrante.
- Óbuda: Conocida como "la antigua Buda", donde residen las raíces romanas de la ciudad.
Esta trinidad urbana es lo que hoy otorga a Budapest ese carácter tan único y fascinante.
El momento clave de su "nacimiento" moderno fue el 17 de noviembre de 1873, cuando las tres ciudades se fusionaron oficialmente para formar la metrópoli de Budapest.

La Edad de Oro (1867-1914): Tras el Compromiso Austrohúngaro, Budapest vivió un esplendor sin precedentes. Se construyó el Parlamento (el tercero más grande del mundo) y el primer metro de la Europa continental (Línea 1).
La Segunda Guerra Mundial: La ciudad sufrió un asedio brutal de 50 días entre 1944 y 1945. Todos los puentes sobre el Danubio fueron dinamitados por las tropas nazis antes de su retirada.
El Levantamiento de 1956: Un hito de valentía donde los estudiantes y trabajadores se rebelaron contra el control soviético. Aunque fue aplastado por los tanques rusos, quedó como el símbolo eterno de la búsqueda de libertad húngara. Este quizá uno de mis hilos que conectan con el libro.
En 1945, tras la Segunda Guerra Mundial, Hungría quedó bajo la esfera de influencia de Moscú. Se impuso entonces un modelo estalinista que transformó no solo la economía, sino también el paisaje urbano de la ciudad, llenándola de sobrios bloques de hormigón.

Sin embargo, para conocer la verdadera esencia de Budapest, es imprescindible hablar de su mayor símbolo: el Parlamento. Tras la unificación de las ciudades de Buda, Pest y Óbuda en 1873, la nueva metrópoli necesitaba una sede legislativa que estuviera a la altura de las grandes capitales europeas. El arquitecto húngaro Imre Steindl se inspiró en el Palacio de Westminster de Londres, optando por un estilo neogótico que simbolizara la democracia, aunque le añadió sutiles toques de arte oriental y renacentista.
La construcción fue una tarea monumental que duró casi veinte años (1885-1904) y en la que se emplearon recursos asombrosos para la época. Una condición indispensable fue el uso exclusivo de materiales procedentes de Hungría, contando únicamente con la participación de artesanos y fabricantes locales.
Como dato curioso, el edificio tiene exactamente 96 metros de altura. Este número no es casual: hace referencia al año 896, fecha en la que las siete tribus magiares llegaron a la región, marcando el origen de la nación

El arquitecto Imre Steindl puso su vida y su alma en este proyecto, pero la historia guarda un tinte melancólico: quedó ciego antes de que la obra terminara y murió solo unas semanas antes de la inauguración oficial en 1904. Nunca pudo ver su obra maestra concluida, pero su nombre quedó grabado para siempre en la piedra de Budapest.
Desde cualquier punto de la ciudad donde lo divises, el Parlamento es sencillamente majestuoso; no te cansas de admirarlo ni de fotografiarlo. A mi parecer, es una de las obras maestras de la arquitectura e ingeniería de Europa.
Si cuentan con buen tiempo, es fundamental reservar un paseo en barco por el Danubio. Este río, por sí solo, te transporta a mil historias diferentes, y si a su cauce le sumas semejante belleza de ciudad, la experiencia resulta extraordinaria.

Sin duda alguna, Budapest es de esas ciudades que jamás te cansas de visitar. Espero volver pronto y recorrerla de nuevo: más despacio, más atenta a cada detalle de su historia.
Hubo un lugar que visité en esta ciudad con el cual quedé fascinada. Aunque no es un hotel que me conecte directamente con la trama del libro, imaginé que el Hotel Metropol podría asemejarse en mucho al increíble edificio de la Ópera Nacional de Hungría. Si sienten curiosidad, miren las fotos de dicho hotel en Rusia y díganme si no encuentran similitudes: sus elegantes escaleras, sus sofisticados salones y ese gusto por la sofisticación en su estado más puro.

Mientras estaba entre el público disfrutando de una hermosa presentación de ballet —disciplina que también nos remite inevitablemente a Rusia—, me sentía parte del elenco de tan maravillosa historia. En ese entorno de terciopelo y dorados, la línea entre la realidad y la ficción literaria se volvió deliciosamente borrosa.
- Año de Publicación: 2016
- Libro: Un Caballero en Moscú
- Escritor: Amor Towles
- Género Literario: Novela Histórica, Ficción Lírica
- Editorial: Salamandra
