Diciembre 27 de 2022 - Puertas de Fuego - Steven Pressfield
Cuando inicié a leer la historia de la guerra de Salamina y luego la de Platea con el El Espartano, una misma historia desde dos perspectivas y culturas muy diferentes, me quedaba pendiente un personaje igual de importante, sobre el cual tenía la curiosidad de saber más. Él debía cerrar este círculo para poder entender un poco más esta parte de la historia, y es que Jerjes, fue quizá el gran protagonista de esta encrucijada ¿Qué lo llevó a movilizar el ejército más grande que la humanidad hubiera conocido? ¿Cómo veía y entendía la cultura Griega desde sus propias creencias y tradiciones?
Con este libro buscaba completar y cerrar este ciclo de la historia de la batalla de las Termópilas, había leído la historia solamente desde la perspectiva de los Griegos, quería tener la mayor información posible y entender todo el contexto de esta extraordinaria hazaña.

En las tres historias nunca me dejó de sorprender el coraje de los griegos, y ahora leyendo esta historia desde el lado de los Persas los admiro aún más, cómo frente a un ejército superior y con pensamientos totalitarios lograron ganar batalla tras batalla, solo teniendo una muy pequeña posibilidad de ganar, esa misma que aprovecharon hasta el final; unión, sacrificio e ingenio.
Realmente me hubiera gustado seguir la secuencia de esta historia de la mano del mismo Javier Negrete, pero tal parece que nuestro escritor en mención se negó a darle un protagonismo a este personaje. Al parecer Jerjes no es muy popular entre los escritores...
Teniendo un enorme interés por entender un poco más al rey Jerjes el Grande, inicié mi investigación por encontrar alguna historia que me narrara los hechos desde la perspectiva de los persas. En esa búsqueda me encontré con este libro y escritor, ambos desconocidos hasta ese momento para mí.

Para Jerjes, invadir Grecia no fue el capricho de un loco; fue una misión divina, política y familiar.
En la corte persa, un nuevo Rey de Reyes debía demostrar que era igual o mejor que su padre, Darío el Grande. Si Jerjes ignoraba a los griegos, parecería débil ante sus propios nobles (sátrapas). Conquistar Grecia era la única forma de cerrar la herida abierta de su padre y consolidar su propio poder. Diez años antes su padre fracasó en Maratón, semejante humillación no podía quedar sin saldar.
Para él, el Imperio Persa representaba el Orden divino bajo el dios Ahura Mazda. Los griegos, con sus constantes guerras entre ciudades y sus traiciones, representaban el caos. Los atenienses habían ayudado a quemar la ciudad persa de Sardes y sus templos sagrados años atrás. Para Jerjes, invadir Atenas no era una guerra de conquista, era una guerra santa. Tenía que castigar a los sacrílegos que quemaron los santuarios de los dioses.

Los persas no se veían a sí mismos como tiranos malvados, sino como portadores de civilización. "¿Por qué estos griegos pobres y sucios se resisten? Nosotros les traemos carreteras, comercio seguro, moneda única y paz. Unirse al Imperio es un privilegio". Cuando Jerjes pedía "tierra y agua", en su mente les estaba ofreciendo una salida honrosa. Rendirse significaba entrar en la "familia" persa y dejar de matarse entre ellos. Resistirse era, a sus ojos, un acto de locura irracional.
Para nosotros, Jerjes fue el invasor. Pero si nos sentamos en su trono de Persépolis, la historia cambia. Él no invadió Grecia por odio, sino por deber. Su padre había fallado, los dioses exigían justicia por la quema de sus templos y el mundo necesitaba orden. Jerjes no marchó hacia las Termópilas para destruir la civilización, sino para —según él— salvarla del caos de las pequeñas y peleonas ciudades griegas. Su pecado no fue la maldad, fue la arrogancia: creer que el mundo entero cabía en su mano.

Esta historia comienza después de la masacre que todos recordamos. Un hombre ha sobrevivido milagrosamente a la batalla de las Termópilas, enterrado bajo una montaña de cadáveres, gravemente herido y cegado. Su nombre es Xeones. El rey persa, Jerjes, intrigado por el valor suicida de los espartanos, ordena a sus cirujanos que mantengan a Xeones con vida y encarga a su historiador real, Gobartes, que lo entreviste. Jerjes quiere saber: "¿Qué clase de hombres eran? ¿Por qué se quedaron a morir?".
A través de los ojos del "extranjero" Xeones, vemos la brutal educación espartana. No se centra en los reyes, sino en un pelotón específico. Xeones se convierte en el escudero de Dienekes, un oficial espartano que no destaca por ser el más fuerte, sino por ser el más sabio y táctico. Vemos cómo se forja el vínculo irrompible entre los hombres de la falange: el "cemento" que une los escudos no es la disciplina, es el amor (philia) entre compañeros.
Este libro no nos muestra a los persas como unos "orcos" sin mente; no, nos enseña que eran una civilización sofisticada, muy rica y culta, que mira a los espartanos como si fueran unos salvajes. Su evolución durante el libro pasa por tres fases:
Al principio, para el Rey Jerjes y sus generales, los espartanos son un chiste matemático.

Para un persa, cuyo ejército tiene millones de hombres de cien naciones distintas, la idea de que unos cuantos miles de hombres quieran bloquear el paso es absurda. Creen que es un gesto de suicidas o fanáticos religiosos.
El Gran Rey no entiende cómo pueden luchar sin un amo que los azote. En el ejército persa, los hombres avanzan por miedo al látigo de sus oficiales. Jerjes pregunta: "¿Quién es su rey? ¿Quién los obliga?".
Cuando descubren que los espartanos obedecen a la ley, algo abstracto, invisible, intangible, y no a un hombre con látigo, los persas quedan fascinados y aterrados. Para un persa, el rey es un dios; para un espartano, el rey es sólo el primero en la fila para morir. Esa diferencia es incomprensible para la mente oriental de la época.
Gobartes, el historiador que le transmite cada detalle a Jerjes, empieza viéndolo como un enemigo roto, pero acaba sintiendo que está ante algo sagrado. Su pluma tiembla al escribir porque se da cuenta de que, aunque Persia gane la batalla, moralmente han perdido.

Incluso la élite persa termina saludando a los cadáveres de sus enemigos. Entienden que se han enfrentado a hombres que han vencido al miedo, algo que ni siquiera el ejército más grande del mundo puede comprar.
Hubo una parte que llamó mucho mi atención y es esta escena clave (histórica y presente en el libro): Los exploradores persas ven a los espartanos peinándose sus largos cabellos y haciendo gimnasia desnudos antes de la batalla. Los persas se ríen, pensando que son vanidosos.
Xeones les explica lo que para el rey es una terrible verdad: "Señor, estos hombres se arreglan el cabello sólo cuando se preparan para morir. No es vanidad, es un ritual fúnebre anticipado".
Yo, desconocía también completamente esta parte de la historia; y si me logró impresionar a mí, me es difícil dimensionar qué paso por la mente del rey Jerjes, al verse frente a una cultura que estaba preparada para dar su vida por sus compañeros, por su pueblo, y no por sentirse yugos de un rey.
Para los persas, los griegos empezaron siendo unos locos insolentes que se peinaban antes de morir. Terminaron siendo un misterio divino que necesitaban descifrar. Este libro nos enseña que el mayor triunfo de los griegos no fue matar persas, sino obligar a su enemigo a preguntarse: "¿Qué clase de libertad crea hombres así?".

Para mí toda esta guerra fue una colisión perfecta. Este es mi resumen de lo que me queda uniendo estas tres historias:
Persia trajo el fuego que amenazaba con consumirlo todo en nombre del orden. Esparta puso el cuerpo, aceptando romperse antes que doblarse, demostrando que el miedo puede ser vencido. Atenas puso la mente, transformando la desesperación en astucia naval.
Ninguno de los tres podía existir sin el otro en ese momento. Sin la amenaza persa, Atenas y Esparta se habrían matado entre ellas (como hicieron después). Sin el escudo espartano, la flota ateniense no habría tenido tiempo. Sin la flota ateniense, el escudo espartano habría sido rodeado.
La historia de Occidente no nació en la paz de un senado, sino en ese preciso instante en que la ley espartana y la libertad ateniense se unieron para detener al Imperio Persa. Fue el momento en que decidimos que preferíamos ser ciudadanos de ciudades pobres, antes que súbditos de un rey de oro.
Diálogos o Frases:
—Me causa total indignación que los espartanos dejen sin castigo al guerrero que pierde el casco o el peto en batalla, pero castigan con la muerte al hombre que deja su escudo. No entiendo su razonamiento, pregunta Jerjes.
—Porque un guerrero lleva su casco y peto para protegerse a sí mismo, pero el escudo es para para la seguridad de toda la línea de sus compañeros que debe proteger hasta no tener más fuerza para ello. La lealtad y el honor de la batalla se basan en morir protegiendo a los que amas, peleando por tu amigo, por tu patria, peleando por conservar la libertad de todos los que juraste proteger.
—Pero tú, mi querido Jerjes, tu jamás entenderías, tú peleas por la gloria, por el oro, nosotros peleamos por nuestra libertad.

- Dionekes: —Nunca has probado la libertad, amigo Dojo.
De lo contrario sabrías que no se compra con oro, la obtendremos con el filo del acero. - “No fue la derrota lo que recordaron los griegos, sino el valor de quienes se mantuvieron firmes en las Puertas de Fuego”.
- “Un espartano no pregunta ¿cuántos somos?, sino ¿dónde están los enemigos”.
- “La libertad es un premio, no un derecho. Hay que ganarla cada día”.
- "Nunca te quejes de las dificultades, pues son la oportunidad de demostrar tu valía".
- "Lo contrario del miedo no es el coraje; es el amor. El miedo solo se vence, por el amor a los tuyos".
- “Un guerrero no lucha porque odia al enemigo, sino porque ama lo que protege”.
- "Perderás la batalla, pero será la derrota más victoriosa de la historia, serás recordado a través de los siglos, así que no temas Leónidas, el fracaso no es ninguna deshonra, esta derrota te dará la gloria”.

Con las fotografías de este post le quiero hacer un sentido homenaje a los carros, más específicamente a los Volkswagen clásicos, aunque sus orígenes son un poco bélicos, no dejan de ser sin lugar a dudas, fascinantes. El escarabajo pasó de ser el carro para la guerra a ser el carro del pueblo, y de paso convertirse en un ícono mundial.
La historia del Escarabajo se remonta a la Alemania de los años 30. La idea central era crear un "coche del pueblo" (Volkswagen en alemán), un vehículo asequible, simple y confiable que estuviera al alcance de la mayoría de los alemanes.
Adolf Hitler, en su ascenso al poder, impulsó la idea de motorizar a la población alemana como parte de su estrategia de propaganda. Le encargó al ingeniero austríaco Ferdinand Porsche el diseño de este vehículo. Los requisitos eran claros: un coche con capacidad para dos adultos y dos niños, un motor refrigerado por aire, y que costara menos de 1.000 marcos.
Tras el fin de la guerra, la fábrica de Wolfsburgo, devastada por los bombardeos, fue recuperada por las fuerzas aliadas. A pesar de su oscuro origen, los británicos, y en particular el oficial Ivan Hirst, reconocieron el potencial del vehículo.

En 1947, la fábrica reanudó la producción de la versión civil del coche. Bajo la dirección de Heinrich Nordhoff, el vehículo, ahora conocido como Volkswagen Escarabajo, empezó a ganar popularidad rápidamente gracias a su robustez, sencillez mecánica y bajo costo.
En 1972, el Escarabajo superó el récord de producción del famoso Ford Model T, convirtiéndose en el coche más producido de la historia en ese momento.
Como pueden ver es un carro con historia, mucha historia.
El Volkswagen Escarabajo es más que un simple coche; es un ícono cultural que ha trascendido generaciones y continentes, dejando una huella imborrable en la historia del automóvil.

Durante años he estado unida a un grupo de amigos, Club Volkswagen de Cali, donde en un inicio nos empezamos a reunir en función de los carros, y muy pronto nos convertimos en amigos y con los años una familia, lazos que se fueron forjando en el camino, de la mano de muchas aventuras juntos, al son de este maravilloso coche. Es un carro que enseña paciencia, a no rendirse, ingenio; pueden imaginarse las mil anécdotas que tenemos gracias a este increíble carro, creo que en sus imperfecciones reside su magia. No hubo una sola reunión, almuerzo o viaje que no terminara en risas, casi siempre recordando las mil cosas que habíamos vivido gracias a los carros, a nosotros o alguien conocido, esa camaradería se convirtió en un grupo de aprendizaje y experiencias con los vochos.
Así que la próxima vez que veas un VW Escarabajo, Combi, Safari, Variant o Karman Ghia, no lo vean solo como un carro, míralo como un símbolo de camaradería, y si tienes uno, ya sabes que no solo tienes un coche, tienes una excusa para reunirte con tus amigos y escribir alguna historia juntos.
Todos los carros que aquí hoy les comparto son de amigos de este increíble club; ellos con toda su paciencia, amor y devoción, se han dedicado a sus carros por años para conservarlos y que sigan contando historias.
Todas las fotografías me las han compartido cada uno de sus dueños ¡Gracias!

- Año de Publicación: 1998
- Libro: Puestas de Fuego
- Escritor: Steven Pressfiel
- Género literario: Novela Histórica
- Editorial: Debolsillo